El Más Allá existe, es su Más Acá. Afortunadamente todos somos occidente y a la vez oriente. Ya lo dijo Einstein. Y no nos engañemos: el sol sale para unos y se pone para otros por Antequera (antiguamente, por Atapuerca). Así es desde que la Tierra es redonda y ronda al sol girando sobre sí misma. No somos el ombligo del mundo, sino una pizca de universo.

Conocer el mundo más allá de nuestras narices, ver otras caras, otras formas de vida y costumbres es, a mi juicio, mentalmente muy sano y ayuda a ser más tolerante al buen observador.

Aunque en todas partes cuecen habas, no siempre lo hacen de la misma manera. A veces a los de acá les parece ridículos algunos estilos de vida y costumbres de los de allá, y viceversa; cuando, a menudo, todas tienen una justificación racional o, por el contrario, desde una perspectiva actual, muchos puntos irracionales en común, estos últimos generalmente relacionados con creencias y supersticiones absurdas, heredadas de un pasado más o menos lejano y sostenidas por cuentos infantiles y determinados intereses relacionados con el poder. Se ve la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio, dice el refrán. Otra gran verdad.

El progreso tecnológico en los medios de comunicación y de transporte está reduciendo nuestro planeta a una expresión de carácter regional, donde todo se sabe y está al alcance de la mano, y donde todos, antes o después, terminan por conocerse. Sin embargo quienes ostentan el poder aprovechan a menudo esta circunstancia para tratar, no de convencer, que sería legítimo, sino de imponer su filosofía y estilo de vida como los únicos posibles, sin mostrar a veces ninguna contemplación con las particularidades y peculiaridades ni con las costumbres de los demás.

 

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De Vez en Cuento

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El Más Allá