Mali: País Dogón

 

Aldea Dogón, con sus característicos silos de adobe y techumbre vegetal cónica,
situada en los escarpes de la Falla de Bandiagara
(Foto: JRT, 2006)


Mali, a pesar de su pobreza, en parte causada o acentuada por un proceso de desertización
relativamente reciente, es uno de los países africanos más interesantes, entre otras cosas,
por su música (Salif Keita, Tinariwen, etc.) y por su diversidad étnica, y también
porque en su territorio se encuentra el maravilloso País Dogón.

Dicho país está vertebrado por la gran falla de Bandiagara, que tiene unos 200 km de longitud
y que separa, mediante un “escalón” que alcanza los 350 m de altura en algunos puntos,
la Meseta Dogón, situada en la parte alta, y la Llanura Gondo, que se extiende a sus pies.

El País Dogón es una auténtica joya desde el punto de vista etnográfico, paisajístico, etc.
Su arte, plasmado sobre todo en esculturas y caretas, es de una expresividad extraordinaria,
goza de gran reconocimiento y ha influido en numerosos artistas, entre ellos a Miquel Barceló,
que, con muy buen ojo y criterio, se compró una preciosa casa en el borde de la mismísima falla,
junto a uno de los intricados y empinados caminos que unen la meseta y la llanura.
En ella, según dice, ha pasado largas temporadas estudiando y aprendiendo el arte dogón.



Casa del Miquel Barceló al borde de la Falla de Bandiagara (País Dogón).
Abajo, a la derecha, por donde van las cabras, camino semi natural que une meseta y llanura,
aprovechando la enorme grieta abierta en las areniscas rojizas.
Dicho sendero enlaza las poblaciones de Banani y de Sanga, ésta última en la parte alta.
Especialmente los días de mercado en Sanga, hay un gran trasiego de gente,
cargando con multitud de cosas, que suben y bajan por él.
Muchas mujeres, además y por si fuera poco, acarrean un niño a sus espaldas.
Tal trajín, repleto de colorido, es una visión impresionante e inolvidable.
(Foto: JRT, 2006)



A la izquierda gente de las aldeas de la llanura, que sube por el referido sendero para ir al mercado de la ciudad de Sanga (arriba). (Fotos: JRT, izda., y Olga y Juan, dcha.; 2006)

El origen de los Dogones no está del todo claro. Se sabe que fue durante el S. XIV
cuando se establecieron en la meseta y en los escarpes de la falla de Bandiagara,
en este último caso en aldeas semicolgantes aprovechando los abrigos rocosos de sus paredes verticales. Procedían de la región subcentral del oeste africano, desde donde migraron
probablemente huyendo de las hordas islámicas, cuyas tradiciones culturales y religiosas,
al parecer, se negaron a aceptar; por lo que actualmente siguen siendo animistas.
Ya en el S. XX, los dogones comenzaron a colonizar la llanura Gondo
y fueron abandonando paulatinamente los poblados edificados en el farallón de la citada falla.


Muestras de arte Dogón:
Dos grandes estatuas exentas y puertas con altorelieves esculpidos.
Todas las obras son de madera, al igual que la típica escalera
del primer plano a la izquierda
(Foto: JRT)


Sus creencias y tradiciones se han trasmitido oralmente.
Muchas de ellas han llegado a nosotros gracias a las investigaciones realizadas por el francés Marcel Griaule,
quien en 1931 se estableció en Sanga, entonces una más de sus aldeas.

Cuando los Dogones llegaron a su actual ubicación no estaban solos.
Encaramados en las paredes de la falla, poblando sus abrigos, en los que habían construido
viviendas y cementerios, vivían unos pigmeos cazadores-recolectores, los Tellem,
a los que por su aspecto llamaban “hombrecillos rojos”,
los cuales, según la tradición dogón, poseían tales caracteres mágicos que incluso podían volar;
de ahí que también se refiriesen a ellos con el sobrenombre de “hombrecillos voladores”. Pero no volaban....
Parece ser que en aquella época una maraña de enredaderas cubría casi por completo el frontal de la falla,
y que trepando o descolgándose por ellas conseguían llegar a los abrigos,
de otra forma inaccesibles como hoy día.

 


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